La carne de pollo es parte fundamental de la gastronomía hogareña argentina, es una de las proteínas más consumidas y un producto que en sus múltiples versiones le gusta a grandes y chicos pero que desde hace unos años genera desconfianza por su gran tamaño.

Esos pollos gigantes que se ven en las góndolas parecen haber hecho pesas toda su vida. La cosa es que esos musculitos no vienen del gimnasio avícola, sino de una práctica bastante más cuestionable: el inflado artificial. Sí, como lo leés.

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El mercado de los pollos inflados no es ninguna novedad. Por décadas, la industria avícola estuvo en una búsqueda constante por maximizar los beneficios, lo cual se traduce en pollos más grandes en menos tiempo.

¿Cómo lo hacen? Principalmente, mediante la inyección de agua, suero, o incluso proteínas como la colágena. Esto no solo les da un aspecto más “robusto” a los pollos sino que también incrementa su peso, y por ende, su precio.

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En Colombia denuncian que así inflan los pollos.

Ahora, hablemos de cómo estos pollos pasaron de ser los flacuchos de la granja a los Schwarzenegger del corral. A lo largo de los años, la selección genética y las dietas altamente especializadas han jugado un papel crucial en el aumento de tamaño de estos animales. Pero claro, eso solo hasta cierto punto. Para darle ese último empujón al peso (y al bolsillo de los productores), entra en juego el inflado artificial.

Está idea nació en Estados Unidos llamada “Chicken of Tomorrow Contest”. Fue un concurso nacional durante los años 1948 y 1951. Su objetivo era desarrollar razas de pollos que crecieran más rápido y tuvieran más carne, especialmente en pechugas y muslos, para satisfacer la creciente demanda de carne de pollo posguerra.

La producción masiva no entrega los animales más saludables. (Foto: Agencias)
La producción masiva no entrega los animales más saludables. (Foto: Agencias)

Criadores de todo el país participaron, presentando aves mejoradas genéticamente. Este concurso aceleró la selección genética, dando origen a la industria avícola moderna, caracterizada por su alta eficiencia y producción a gran escala de carne de pollo. La idea quedó y se sigue usando hoy en día en todo el mundo.

Cómo identificar a un pollo inflado artificialmente

Identificar un pollo inflado de uno que ha llevado una vida más… natural, digamos, puede ser todo un desafío. Pero hay pistas: hay que fijarse en la textura y el color de la carne. Si el pollo está sospechosamente hinchado o tiene una cantidad de agua visible al cortarlo, es probable que haya sido inflado. Otro dato: la carne de un pollo naturalmente criado suele ser más firme y de color más intenso.

Una técnica que usan muchos cocineros cuando reciben un pollo con mucha agua es deshidratarlo en el horno unos minutos. Se puede verificar simplemente si tenía mucha agua si la bandeja queda llena de un líquido viscoso.

Entonces, la próxima vez que te cruces con uno de estos pollos musculosos, recordá: no todo lo que brilla (o en este caso, lo que infla) es oro. Estar informados nos ayuda a tomar mejores decisiones, no solo por nuestra salud sino también por la de nuestro bolsillo.

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