Durante años, la creatina fue identificada casi exclusivamente con el mundo del gimnasio y el alto rendimiento físico. Sin embargo, nuevas investigaciones comenzaron a analizar su impacto en otro órgano de alto consumo energético: el cerebro. Los resultados abren un debate interesante sobre su posible utilidad más allá del ámbito deportivo.
La creatina es un compuesto que el cuerpo sintetiza a partir de aminoácidos y que también se incorpora a través de la alimentación, principalmente mediante carnes y pescados. Su función central es colaborar en la producción rápida de energía. Cuando ingresa a las células, se transforma en fosfocreatina, una molécula que permite regenerar con rapidez el ATP, la principal fuente energética del organismo.
El cerebro, un órgano con alta demanda energética
El sistema nervioso consume una proporción significativa de la energía corporal total. Cada pensamiento, movimiento o recuerdo implica una intensa actividad neuronal que depende del ATP. En contextos de alta exigencia mental —como estudiar durante horas, resolver problemas complejos o atravesar períodos de estrés— contar con reservas energéticas eficientes puede marcar la diferencia.
Diversos estudios experimentales observaron que la suplementación con creatina podría mejorar el rendimiento en tareas cognitivas que requieren memoria de trabajo, velocidad de procesamiento y razonamiento lógico. Los beneficios parecen ser más evidentes en personas sometidas a fatiga, en adultos mayores y en quienes presentan niveles más bajos de creatina por su tipo de alimentación.
Posibles efectos en salud mental y envejecimiento
La investigación científica también explora su rol como complemento en ciertos trastornos del estado de ánimo. Algunos ensayos preliminares sugieren que podría contribuir a mejorar síntomas depresivos al optimizar el metabolismo energético cerebral. Asimismo, se analiza su potencial efecto protector frente al deterioro cognitivo asociado al envejecimiento, aunque todavía no existen conclusiones definitivas.
En personas mayores, la combinación de beneficios musculares y posibles mejoras cognitivas resulta particularmente atractiva, ya que podría impactar tanto en la movilidad como en la autonomía funcional.
Precauciones y uso responsable
Si bien la creatina es considerada segura en dosis habituales para adultos sanos, su consumo debe realizarse con orientación profesional, especialmente en personas con enfermedades renales o condiciones médicas preexistentes. No se trata de un sustituto de tratamientos médicos ni de una solución mágica para el rendimiento intelectual.
El creciente interés científico muestra que la creatina ya no se limita al levantamiento de pesas. Su papel en la generación de energía celular la posiciona como un compuesto con potencial impacto en la función cerebral, un campo que continúa en estudio y que podría redefinir su lugar en la salud integral.