La ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán abrió un nuevo frente de incertidumbre internacional con impacto directo en los mercados energéticos y financieros. Para Argentina, el efecto más inmediato podría sentirse en el frente inflacionario, justo cuando el Gobierno busca consolidar una desaceleración sostenida de los precios.
El conflicto elevó las cotizaciones internacionales del petróleo ante el riesgo de interrupciones en el suministro desde el Golfo Pérsico, especialmente tras las amenazas sobre el estratégico estrecho de Ormuz. Un encarecimiento persistente del crudo impacta de manera indirecta en la economía local, incluso en un contexto de menor dependencia energética que en décadas anteriores, porque incide en combustibles, transporte, costos logísticos e insumos industriales.
Para el presidente Javier Milei, el escenario externo introduce un factor de presión adicional en su objetivo de llevar la inflación mensual a niveles cercanos a cero en el segundo semestre. Aunque Argentina mantiene una integración limitada a las cadenas globales de valor y un sistema financiero menos expuesto a movimientos bruscos de capitales internacionales, no está aislada de las tensiones geopolíticas.
Uno de los riesgos es el traslado a precios internos de un aumento en energía y alimentos, en un país donde las expectativas inflacionarias siguen siendo sensibles a shocks externos. Además, un contexto internacional más volátil podría fortalecer el llamado “vuelo a la calidad”, es decir, la preferencia de los inversores por activos considerados seguros, lo que suele presionar sobre las monedas emergentes.
El componente político también adquiere relevancia. La administración argentina mantiene un alineamiento estrecho con el gobierno de Donald Trump, y parte de la estabilidad cambiaria y financiera local depende del respaldo internacional en organismos multilaterales y mercados. Cualquier reconfiguración en el tablero global podría alterar ese equilibrio.
En paralelo, el encarecimiento de la energía y la incertidumbre global podrían afectar anuncios de inversión, en especial en sectores como minería y energía, donde los proyectos requieren previsibilidad macroeconómica y acceso sostenido a financiamiento externo.
Si la tensión en Medio Oriente se prolonga y los precios internacionales de los commodities energéticos se mantienen elevados, el desafío para la economía argentina no será solo sostener la desaceleración inflacionaria, sino evitar que el shock externo complique la recuperación de la actividad y prolongue la recesión.