El precio de la carne registró en el último mes un incremento superior al 8%, muy por encima de la inflación general, y se consolidó como uno de los principales factores que empujaron el costo de vida. Según los datos del Indec, la inflación minorista de noviembre fue del 2,5%, la más alta de los últimos seis meses, y el rubro Alimentos y bebidas resultó el de mayor incidencia, impulsado especialmente por los aumentos en los distintos cortes de carne.
En algunos casos, las subas en carnicerías y supermercados llegaron a cuadruplicar el promedio general, reflejando un fenómeno que combina factores productivos, climáticos y económicos. Entre las principales causas aparece la menor oferta de hacienda, producto de decisiones tomadas meses atrás por los productores, que redujeron el envío de animales al mercado ante la falta de rentabilidad y la incertidumbre de costos.
A esto se suma el impacto de la sequía, que encareció la alimentación del ganado y obligó a muchos establecimientos a achicar stocks, además del aumento sostenido de insumos clave como el maíz, el transporte y la energía. La cadena cárnica también se ve afectada por la recomposición de precios atrasados, luego de períodos en los que los valores quedaron por debajo de la inflación general.
Otro factor que presiona al alza es el nivel de consumo, que se mantiene relativamente estable pese a la pérdida de poder adquisitivo, lo que limita la posibilidad de absorber los costos sin trasladarlos al mostrador. En paralelo, las expectativas inflacionarias y la dinámica del dólar también influyen en la formación de precios del sector.
De cara a los próximos meses, analistas advierten que la carne podría seguir aumentando, especialmente en el cierre del año, cuando la demanda suele intensificarse. Si no mejora la oferta de hacienda ni se estabilizan los costos de producción, los ajustes podrían continuar, manteniendo a este alimento básico como uno de los principales focos de presión sobre la inflación.