El precio de la carne vacuna registró en noviembre uno de los aumentos más fuertes de las últimas décadas y volvió a encender señales de alerta sobre el consumo interno. De acuerdo con el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM), el rubro cárnico se ubicó entre los que más subieron en el mes, con una dinámica muy por encima del promedio general.
El fenómeno fue analizado en el Informe Económico Mensual Nº 298 de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), donde se advierte que el sector atraviesa problemas de oferta que presionan directamente sobre los precios. Entre los factores centrales se destacan la menor disponibilidad de hacienda, una faena en niveles históricamente bajos y una estructura productiva que todavía no logra recomponerse tras los últimos ciclos de ajuste.
Según el informe, la reducción en la cantidad de animales enviados a faena genera un mercado más restringido, lo que impulsa subas en el valor del ganado y se traslada rápidamente al mostrador. A esto se suma un escenario de costos elevados para los productores, que impacta en toda la cadena.
En este contexto, el consumo interno vuelve a mostrar signos de fragilidad. Si bien el abastecimiento al mercado local se mantiene, los precios más altos limitan la capacidad de compra de los hogares, que tienden a reducir la cantidad adquirida o a reemplazar la carne vacuna por otras proteínas más accesibles. Desde el sector señalan que el consumo per cápita se mantiene en niveles bajos en términos históricos, lejos de los registros tradicionales de la dieta argentina.
Desde CICCRA advierten que, mientras no se recupere de manera sostenida la oferta de hacienda, la tensión sobre los precios continuará. El escenario plantea un desafío doble: contener los valores para el consumidor sin comprometer la rentabilidad del productor y evitar que la caída del consumo se profundice en un contexto económico aún sensible.