El costo de vida cerró 2025 con una señal de alerta para los hogares: las canastas que miden el acceso a los bienes y servicios esenciales volvieron a aumentar por encima de la inflación general. En diciembre, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT) registraron una suba del 4,1%, superando ampliamente el 2,8% de inflación informado para el último mes del año.
Este comportamiento consolidó una tendencia que se sostuvo a lo largo de todo 2025. En el acumulado anual, la CBA —que marca el umbral de indigencia— aumentó un 31,2%, mientras que la CBT —utilizada para determinar la línea de pobreza— avanzó un 27,7%. Ambos registros reflejan que los gastos indispensables crecieron a un ritmo superior al del promedio de precios.
El principal motor de estos incrementos volvió a ser el rubro alimentos, que tiene un peso decisivo en la medición de la canasta básica. Las subas en productos de consumo cotidiano impactaron de manera directa en el presupuesto familiar, especialmente en los sectores de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de sus recursos a la compra de alimentos.
Aunque la inflación anual mostró una desaceleración y cerró en uno de los niveles más bajos de los últimos años, la evolución de la canasta básica dejó en evidencia que esa mejora no se tradujo de la misma forma en el costo real de sostener un hogar. La brecha entre el índice general y los gastos esenciales plantea un escenario de mayor exigencia para los ingresos.
De cara al inicio del nuevo año, economistas advierten que la dinámica de salarios, jubilaciones y ayudas sociales será determinante para amortiguar el impacto de estas subas. Mientras tanto, la canasta básica vuelve a ubicarse como uno de los principales factores que condicionan el poder adquisitivo y la situación social.