El estrechamiento de las arterias carótidas, los principales vasos que transportan sangre al cerebro, es una condición silenciosa pero potencialmente grave que incrementa de manera significativa el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV). Esta afección, conocida como estenosis carotídea, se produce por la acumulación de placas de grasa y colesterol en las paredes arteriales, lo que reduce el flujo sanguíneo cerebral o favorece la formación de coágulos.
En personas que no han presentado síntomas recientes, como un ACV o un ataque isquémico transitorio, la enfermedad puede pasar desapercibida durante años. Sin embargo, un reciente estudio internacional liderado por investigadores de Mayo Clinic y financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos reveló que el riesgo no es menor y que existen estrategias más efectivas para reducirlo.
La investigación analizó a pacientes con estenosis carotídea grave y comparó distintos abordajes terapéuticos. Los resultados mostraron que la combinación de un procedimiento mínimamente invasivo, como la colocación de un stent en la arteria carótida, junto con un tratamiento médico intensivo, logró disminuir de manera significativa la probabilidad de sufrir un ACV en comparación con quienes recibieron únicamente tratamiento farmacológico.
El stent es un pequeño dispositivo que se implanta dentro de la arteria para mantenerla abierta y mejorar el flujo sanguíneo hacia el cerebro. Según los investigadores, cuando esta intervención se acompaña de un control estricto de factores de riesgo —como la presión arterial, el colesterol, la diabetes y el hábito de fumar— los beneficios son mayores en pacientes seleccionados.
Más allá de los procedimientos médicos, los especialistas remarcan que la prevención sigue siendo clave. Mantener una alimentación saludable, realizar actividad física regular, no fumar y controlar enfermedades crónicas son medidas fundamentales para reducir el riesgo de estenosis carotídea y de ACV.
El estudio aporta nueva evidencia para el manejo de esta patología y refuerza la importancia de una evaluación personalizada, ya que no todos los pacientes requieren el mismo tratamiento. Detectar a tiempo el estrechamiento de las arterias que llevan sangre al cerebro puede marcar la diferencia entre prevenir un ACV o enfrentar sus consecuencias, muchas veces irreversibles.