La noche en el Estadio Padre Ernesto Martearena no fue solo un partido de fútbol; fue la confirmación de que Salta juega en las ligas mayores de la organización de eventos. Con más de 20 mil personas vibrando en las tribunas, el triunfo de Boca Juniors funcionó como el combustible ideal para una maquinaria turística y económica que la provincia viene aceitando con precisión quirúrgica.
Mucho más que noventa minutos
El regreso del Xeneize a la capital salteña, tras dos años de ausencia en competencias oficiales en el Norte, dejó en claro que la pasión popular es un activo estratégico. Para el gobierno provincial, encabezado por Gustavo Sáenz, este tipo de encuentros son piezas clave de un rompecabezas mayor: consolidar a Salta como la sede indiscutida del deporte nacional en la región.
La imagen del mandatario compartiendo el palco con niños de Hipólito Yrigoyen no fue un detalle menor. Representó la búsqueda de imprimirle un sello social a un evento de élite, intentando que el impacto de la llegada de las grandes figuras del fútbol argentino llegue también a los sectores más postergados del interior profundo.
El impacto real en las calles
Más allá del resultado en el marcador, el verdadero triunfo se midió en la ocupación hotelera y el movimiento en los corredores gastronómicos de la ciudad. La llegada de hinchas de todo el NOA transformó a la capital en un hormiguero de visitantes, inyectando fondos frescos en un sector que ve en el calendario deportivo una balsa de salvación frente a la estacionalidad del turismo tradicional.
Este fenómeno no es aislado. Se suma a la reciente recuperación del Autódromo Martín Miguel de Güemes con el TC2000, trazando una línea de continuidad que busca que Salta no sea solo un destino de paisajes y empanadas, sino un escenario de infraestructura moderna capaz de albergar los espectáculos más exigentes del país.
El desafío de la plaza propia
Con este marco de público y una logística que, a grandes rasgos, cumplió con las expectativas de la AFA, la provincia reafirma su derecho a reclamar más fechas de relevancia nacional. El Martearena demostró estar a la altura, no solo como estructura de cemento, sino como un símbolo de la capacidad salteña para generar oportunidades de negocio y esparcimiento en un contexto nacional complejo.
El desafío hacia adelante será mantener esta vara alta, garantizando que el deporte siga siendo esa ventana por la cual el país mira a Salta, y que los beneficios de estos megaeventos se sientan en cada rincón de la provincia, mucho después de que se apaguen las luces del estadio.