El consumo masivo en Argentina atraviesa una situación delicada y en noviembre encendió una nueva señal de alerta: por primera vez en nueve meses registró una caída interanual, reflejando el impacto persistente de la pérdida de poder adquisitivo y los cambios en los hábitos de compra.
Según un informe sectorial, las ventas de consumo masivo —que incluyen supermercados, almacenes, farmacias y kioscos— retrocedieron 0,1% en noviembre en comparación con el mismo mes de 2024. El dato marca un quiebre en la leve tendencia de recuperación que se había observado en meses anteriores.
El informe destaca que el retroceso no solo se explicó por el desplome sostenido en supermercados, un fenómeno que ya se viene repitiendo, sino también por una fuerte baja en las farmacias, un canal que hasta ahora había mostrado mayor resistencia. La caída en este rubro refleja que incluso los gastos vinculados a la salud comenzaron a ajustarse, con consumidores que postergan compras o buscan alternativas más económicas.
En paralelo, los comercios de cercanía, como almacenes y kioscos, tampoco lograron compensar la retracción general. Aunque mantienen cierto nivel de demanda por compras pequeñas y frecuentes, el volumen vendido sigue condicionado por presupuestos familiares cada vez más ajustados.
Especialistas señalan que el escenario responde a una combinación de factores: inflación acumulada, salarios que no logran recomponerse al mismo ritmo y subas puntuales en alimentos y productos esenciales, que obligan a priorizar gastos básicos y reducir el consumo en cantidad o calidad.
De cara a los próximos meses, las proyecciones son cautas. Si bien diciembre suele mostrar un repunte estacional por las fiestas, los analistas advierten que la recuperación del consumo será lenta y dependerá de una mejora sostenida del ingreso real y de una mayor estabilidad de precios. Mientras tanto, el consumo masivo continúa siendo uno de los termómetros más sensibles de la situación económica.