El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a mostrar señales de debilidad durante 2025 y se mantuvo por debajo del promedio registrado en los últimos cinco años. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios fue uno de los factores centrales que modificó los hábitos de compra de las familias, que optaron cada vez más por proteínas de menor costo como el pollo y el cerdo.
Este cambio en el consumo interno tuvo un impacto directo en el sector ganadero. Entre enero y noviembre de 2025, la producción de carne vacuna cayó un 1,9% en comparación con el mismo período del año anterior y se ubicó un 1,4% por debajo del promedio histórico quinquenal. La menor demanda local, sumada a un contexto económico incierto, condicionó la actividad en los distintos eslabones de la cadena cárnica.
Mientras la carne aviar y porcina ganaron participación en la mesa de los argentinos, la carne vacuna continuó perdiendo terreno como producto de consumo habitual. Si bien el consumo total de carnes se mantuvo relativamente estable, la composición cambió de manera significativa, reflejando la sensibilidad del mercado frente a los precios y los ingresos.
El escenario plantea un desafío para el sector, que enfrenta un consumo interno más retraído y volátil, y obliga a repensar estrategias productivas y comerciales en un contexto donde la carne vacuna ya no ocupa el lugar central que supo tener en la dieta cotidiana.