Con la llegada de las altas temperaturas, el cuidado de la hidratación se vuelve esencial para sostener el funcionamiento normal del organismo. El calor favorece una mayor pérdida de líquidos y sales minerales a través del sudor, lo que puede afectar el rendimiento físico y mental si no se compensa de forma adecuada.
La deshidratación suele comenzar de manera gradual y no siempre se manifiesta de inmediato. Entre los primeros signos se encuentran la sed intensa, la sequedad en la boca, el cansancio, la orina oscura y la disminución de la concentración. En situaciones más severas, puede derivar en mareos, confusión o golpes de calor, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Especialistas recomiendan beber agua en pequeñas cantidades durante todo el día, incluso sin sensación de sed. Si bien el agua es la opción principal, también pueden incorporarse jugos naturales diluidos, sopas livianas y bebidas isotónicas en casos de actividad física prolongada. Es clave evitar el exceso de alcohol y bebidas azucaradas, ya que pueden aumentar la pérdida de líquidos.
La alimentación también cumple un papel fundamental. Frutas y verduras frescas como sandía, melón, durazno, naranja, pepino y tomate aportan agua y minerales que ayudan a mantener el equilibrio hídrico. Consumir comidas livianas y reducir el exceso de sal contribuye a una mejor regulación de los líquidos corporales.
Mantener una hidratación adecuada, evitar la exposición al sol en horarios de mayor intensidad y prestar atención a las señales del cuerpo son medidas simples que permiten reducir riesgos y transitar los días de calor con mayor seguridad.