La NASA anunció un hallazgo que podría cambiar la comprensión actual del universo: el telescopio espacial James Webb detectó galaxias gigantescas, apodadas “monstruos celestiales”, que se formaron en los primeros 500 millones de años después del Big Bang.
Estas galaxias, ubicadas a más de 13.000 millones de años luz de la Tierra, son entre 5.000 y 10.000 veces más masivas que la Vía Láctea. Además, contienen estrellas hasta cinco veces más calientes que el Sol.
El descubrimiento fue posible gracias a la capacidad del James Webb para observar en longitudes de onda infrarrojas, permitiendo ver a través de nubes de polvo y gas que antes ocultaban estas estructuras.
Uno de los hallazgos más impactantes es la galaxia GN-z11, observada cuando el universo tenía solo 430 millones de años. Esta galaxia alberga un agujero negro supermasivo que acumula materia rápidamente, siendo el más lejano detectado hasta ahora.
Según los científicos, estos resultados sugieren que el universo primitivo fue mucho más dinámico de lo que se creía, obligando a revisar las teorías actuales sobre la formación y evolución de galaxias.