Roblox, una de las plataformas digitales más utilizadas por menores en todo el mundo, enfrenta un creciente cuestionamiento debido a denuncias que señalan grooming, exposición a violencia, desnudos virtuales e incluso la aparición de comunidades que promueven prácticas peligrosas.
Lo que comenzó como un espacio de creatividad y juego en línea se transformó en un entorno con fuertes falencias de control. Padres y especialistas advierten que los filtros parentales y las medidas de seguridad de la empresa resultan insuficientes para frenar el contacto de los chicos con adultos desconocidos, así como para bloquear la circulación de contenidos nocivos.
En distintos países ya se presentaron demandas judiciales contra la compañía, acusándola de favorecer la proliferación de juegos con temáticas sexuales explícitas, entornos donde circulan discursos de odio e, incluso, espacios utilizados por depredadores para captar menores. Casos de grooming y abuso psicológico vinculados a la plataforma generaron alarma en las comunidades educativas y en organismos de protección de la infancia.
La polémica sobre Roblox reabre el debate acerca de los límites en el control de los entornos virtuales y la necesidad de que familias, escuelas y Estados establezcan nuevas formas de prevención frente a un escenario donde lo lúdico convive con graves riesgos.