Una interfaz cerebro-computadora (BCI por las siglas del término en inglés Brain–Computer Interfaces) es un sistema que establece una comunicación directa entre el cerebro y un ordenador. Para ello, la actividad eléctrica producida cuando las neuronas se comunican entre sí, se procesa y decodifica en comandos que luego se envían a un dispositivo para llevar a cabo una acción deseada.

Aunque todavía esta área está en una etapa muy temprana de desarrollo —más cercano a la experimentación—, ya se han conseguido resultados esperanzadores y el potencial es enorme: desde posibilitar un canal de comunicación a personas que no pueden hacerlo de otra forma debido a enfermedades neurodegenerativas como la Esclerosis Lateral Amiotrófica hasta la neurorehabilitación tras lesiones en la médula espinal provocadas por accidentes o tras un accidente cerebro-vascular e incluso neuroprótesis para permitir a aquellas personas donde las capacidades motoras se ven gravemente afectadas de manera permanente, realizar actividades de la vida diaria como pueden ser comer o asearse.

Es uno de los casos que relata el último articulo de la revista Nature, por ejemplo, sobre James Johnson, que en 2017 se rompió el cuello en un accidente de karting y quedó casi completamente paralizado debajo de los hombros.

Johnson conoció a investigadores del Instituto de Tecnología de California (Caltech), que lo invitaron a unirse a un ensayo clínico de una interfaz cerebro-computadora (BCI) y, neurocirugía mediante, le implantaron electrodos en su cabeza que registrarían las neuronas en su cerebro a medida que se encienden. Mientras tanto, algoritmos intentarían decodificar sus pensamientos e intenciones.

Fuente: Filo.News

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Por Cristian

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