Los últimos datos del INDEC confirman que el mercado laboral argentino atraviesa una fase de precarización. En el segundo trimestre de 2025, la tasa de empleo fue del 44,5 %, levemente inferior a la del mismo período de 2024 (44,8 %) y 2023 (44,6 %). La desocupación se ubicó en 7,6 %, el mismo nivel del año pasado pero por encima del 6,2 % que se registraba en 2023.
El dato más preocupante es el avance del trabajo no registrado. En un año, la informalidad creció casi tres puntos, lo que significa que cerca de la mitad de los nuevos puestos generados en los últimos meses se dieron sin aportes previsionales ni cobertura laboral. Según estimaciones oficiales y privadas, más de 8 millones de personas se encuentran en esta condición.
La dinámica refleja un mercado laboral que absorbe parte de la demanda de empleo, pero bajo formas precarias: asalariados sin registro y trabajadores por cuenta propia sin protección social. Esto se traduce en salarios más bajos, ausencia de cobertura médica, inestabilidad y mayor vulnerabilidad frente a la pobreza.
Mientras tanto, el empleo formal muestra estancamiento e incluso retrocesos en sectores industriales y de servicios, que no logran sostener la generación de puestos de calidad frente al contexto de recesión y ajuste.
El escenario plantea un desafío central: sin políticas activas de formalización, el aumento del empleo en la Argentina seguirá siendo sinónimo de pérdida de derechos y ampliación de desigualdades.