El Gobierno nacional confirmó que la Argentina no presentará su candidatura para integrar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en el próximo período. La decisión, impulsada por el presidente Javier Milei, marca un giro en la política exterior del país y se enmarca en la estrategia de reducir la presencia en organismos multilaterales considerados innecesarios por el oficialismo.
Desde 2006, la Argentina había tenido una participación casi ininterrumpida en el Consejo, llegando incluso a ocupar su presidencia en 2022, lo que le permitió desempeñar un papel destacado en debates internacionales vinculados a la defensa y promoción de los derechos humanos. La renuncia a renovar esa representación supone un quiebre con esa tradición diplomática y limita la influencia del país en un foro en el que se discuten situaciones críticas a nivel global.
Organizaciones de derechos humanos manifestaron preocupación por la medida y advirtieron que se trata de un retroceso que debilita la voz argentina en un escenario marcado por conflictos y crisis humanitarias.
Con esta decisión, el Gobierno consolida un cambio de rumbo en la política exterior, priorizando un perfil más acotado en el plano multilateral y reforzando alianzas bilaterales, aun a costa de resignar espacios de influencia que durante casi dos décadas habían sido una marca de la diplomacia nacional.