Los precios volvieron a acelerar con fuerza y encendieron nuevas señales de alerta. Durante la primera semana de febrero, la inflación en alimentos y bebidas alcanzó el 2,5%, de acuerdo con un relevamiento de la consultora LCG. Se trata del mayor incremento semanal registrado desde el inicio del actual gobierno y corta una racha de subas más moderadas observadas en las semanas previas.
El informe privado señala que el aumento estuvo impulsado principalmente por productos de consumo cotidiano. Bebidas e infusiones lideraron las subas, seguidas por panificados, cereales y pastas, mientras que lácteos, huevos y comidas listas también mostraron incrementos significativos. Estos rubros tienen un peso central en la canasta básica, por lo que el impacto se siente de manera directa en el bolsillo de los hogares.
La aceleración de los precios se da en un contexto de debate sobre la medición de la inflación. La postergación de cambios metodológicos en el índice oficial y las tensiones internas en el organismo estadístico generaron cuestionamientos y mayor incertidumbre, al tiempo que las consultoras privadas comenzaron a mostrar registros más elevados que los esperados por el Gobierno.
Este salto semanal vuelve a poner presión sobre las expectativas inflacionarias, especialmente en un escenario donde salarios y jubilaciones corren por detrás de los precios. Analistas advierten que, si la dinámica no se revierte en las próximas semanas, podría complicar la desaceleración inflacionaria que el Ejecutivo busca consolidar.
Mientras tanto, el dato refuerza una preocupación persistente: aunque algunos indicadores macro muestran señales de ajuste, los aumentos en alimentos continúan siendo el principal factor de tensión social y económica, afectando con mayor dureza a los sectores de menores ingresos.