La donación de sangre en Argentina atraviesa un momento crítico que comienza a sentirse con fuerza en el sistema de salud. Profesionales y centros de hemoterapia advierten que la disminución sostenida de donantes voluntarios pone en riesgo la cobertura de cirugías, tratamientos oncológicos, partos de alto riesgo y emergencias médicas.
Actualmente, el porcentaje de personas que dona sangre de manera voluntaria y habitual se mantiene por debajo de los niveles recomendados por organismos internacionales. La mayoría de las donaciones continúan realizándose por reposición, es decir, cuando un familiar o conocido necesita una transfusión. Este esquema dificulta la planificación y no garantiza un stock estable en los bancos de sangre.
Desde hospitales públicos señalan que la falta de reservas obliga en algunos casos a reprogramar intervenciones quirúrgicas o a priorizar situaciones de urgencia. La sangre y sus componentes —glóbulos rojos, plaquetas y plasma— son indispensables para múltiples prácticas médicas y no pueden fabricarse artificialmente, lo que vuelve esencial la participación sostenida de la comunidad.
Especialistas explican que entre las causas de la baja se encuentran la falta de información, mitos sobre el procedimiento y la ausencia de una cultura de donación periódica. A esto se suma una mayor demanda de transfusiones vinculada al envejecimiento poblacional y al aumento de tratamientos complejos.
Frente a este escenario, los servicios de hemoterapia impulsan campañas para promover la donación voluntaria y habitual, considerada la forma más segura y eficaz de garantizar el abastecimiento. La advertencia es clara: sin donantes regulares, el sistema sanitario enfrenta limitaciones que impactan directamente en la atención y en la vida de miles de pacientes.