El consumo de carne vacuna atraviesa uno de sus momentos más bajos y en julio se ubicó en 46,3 kilos por habitante al año. Para el productor salteño Carlos Segón, la explicación no está solamente en una menor demanda, sino también en el contexto económico: ante la pérdida de poder adquisitivo, muchas familias optaron por carnes más accesibles, principalmente pollo y cerdo.
Segón explicó que este cambio modificó el lugar histórico que ocupaba la carne vacuna en la alimentación argentina. Si bien el país continúa entre los mayores consumidores mundiales de este producto, el volumen destinado al mercado interno cayó fuertemente en comparación con décadas anteriores. A esto se suma que la producción ganadera por habitante también perdió peso y que actualmente el país cuenta con una cantidad de animales mucho más cercana a la cantidad de habitantes.
El especialista también puso la mirada sobre el stock ganadero, que según estimó se redujo entre 10 y 12 millones de cabezas en las últimas décadas. La menor cantidad de animales enviados a faena es parcialmente compensada por un aumento en el peso de cada carcasa, que pasó de unos 220 a casi 240 kilos. Para Segón, estos números muestran cómo cambió el escenario de la ganadería argentina y explican parte de las dificultades que atraviesa el sector.