La fragilidad del mercado laboral argentino se profundiza y expone una postal cada vez más frecuente: jubilados y jubiladas que, lejos de poder sostenerse con sus haberes, se ven obligados a regresar al trabajo para cubrir necesidades básicas. Así lo advierte un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), elaborado a partir del análisis de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec.
El estudio sostiene que la desocupación real asciende al 13,8% al tercer trimestre del año pasado, una cifra que duplica el índice oficial al incluir el desempleo encubierto y las formas más inestables de ocupación. En ese marco, se estima que cerca de seis millones de personas trabajan en condiciones de desprotección: sin aportes previsionales, sin estabilidad, sin capital para emprender y con escasas posibilidades de acceder a empleos formales.
Uno de los datos más sensibles del informe está vinculado al aumento de la actividad laboral entre jubilados. La pérdida sostenida del poder adquisitivo de los haberes, el congelamiento de refuerzos previsionales y el impacto de la inflación configuraron un escenario en el que la jubilación dejó de garantizar ingresos suficientes. Según el IAG, en comparación con 2023, la participación laboral de los jubilados creció un 11%, un indicador que refleja el deterioro del sistema de protección social.
El fenómeno convive con una dinámica opuesta entre los jóvenes, cuya actividad laboral aparece estancada y sin señales claras de estímulo. Esta combinación profundiza un mercado laboral desequilibrado, donde quienes ya deberían estar retirados vuelven a insertarse, mientras los sectores más jóvenes enfrentan mayores barreras para ingresar.
Analistas advierten que el regreso de los jubilados al trabajo suele darse en condiciones informales y de alta vulnerabilidad, sin cobertura ni derechos laborales, lo que agrava riesgos físicos y sociales. La escena de adultos mayores trabajando para complementar ingresos se consolida así como uno de los rasgos más duros de la actual etapa económica, marcada por el avance de la precariedad y el retroceso de los mecanismos de protección.