El mate es mucho más que una infusión en la Argentina: es costumbre, identidad y ritual cotidiano. Sin embargo, desde hace años existe una polémica recurrente en torno a su consumo: ¿hidrata igual que el agua o, por su contenido de cafeína, puede provocar deshidratación? La ciencia tiene una respuesta más clara de lo que parece.
Diversas investigaciones recientes coinciden en que el consumo habitual de bebidas con cafeína, como el mate, no genera deshidratación en personas sanas, siempre que se mantenga una ingesta normal de líquidos a lo largo del día. Estudios que analizaron el efecto de la cafeína en el balance hídrico señalan que el organismo desarrolla tolerancia a su leve efecto diurético cuando el consumo es regular.
En el caso del mate, la cantidad de cafeína puede variar considerablemente. Un litro puede aportar entre 300 y 400 miligramos, aunque este valor depende de múltiples factores: los primeros mates concentran más cafeína que los últimos, el agua muy caliente favorece una mayor extracción y la yerba despalada suele contener más que la yerba con palo. Además, el tereré —preparado con agua fría— presenta un efecto diurético menor que el mate caliente.
Otro dato relevante es que durante o antes de la actividad física, el efecto diurético de la cafeína prácticamente desaparece. Esto se debe a que el cuerpo prioriza la retención de líquidos para sostener el esfuerzo, por lo que el mate no interfiere de manera significativa con la hidratación en ese contexto.
Especialistas aclaran que, si bien el mate no reemplaza completamente al agua, sí contribuye a la ingesta diaria de líquidos. La recomendación general es alternar su consumo con agua potable, especialmente en días de calor o ante una mayor demanda física.
Así, lejos de ser un enemigo de la hidratación, el mate puede formar parte de una rutina saludable. Como en casi todo, la clave está en el equilibrio y en escuchar las señales del propio cuerpo, sin necesidad de renunciar a una de las tradiciones más arraigadas del país.